Aquella tarde
¿Recuerdas aquella tarde cuando vimos caer el sol frente a nosotros? Mirábamos de frente al mar, sólo al mar, estábamos seguros de tenernos uno al lado del otro, no era necesario voltear para encontrarnos, nos sabíamos presentes en las cosas más bellas de la vida, nos veíamos dibujados en la convulsa agonía de aquella tarde.
Habíamos corrido por la arena, jugando a dejar tatuadas
nuestras huellas, sin tener un rumbo cierto, lo único que teníamos por cierto
era nuestra compañía, jurábamos que esas huellas estarían ahí para siempre,
serían los fósiles que algún explorador clasificaría como el animal más salvaje
que ha habitado la tierra.
Nuestras risas provocaban los celos del agua, que a veces se decidía a borrar nuestros trazos, y con ello, parte de la historia que queríamos dejar grabada, al hacerlo acariciaba tus pies, sus manos frías te tomaban por sorpresa y de la misma forma apretabas mi mano, te sentí en mí, inquieta, jadeante, viva, ávida de mi presencia. Me abrazaste, sentí tu aliento en mi cuello mientras los vellos en mis brazos se erizaban.
Costas
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