Hay cosas que no se cuestionan porque son evidentes; las erecciones matutinas son un ejemplo, un frijolazo en el diente es otro y los pueblitos calurosos de tres casas enclavados en la sierra que se vuelven relevantes cuando apenas abrimos un ojo hacia su marginación y pobreza, es otro menos frívolo.
Butaca apartada
Por una parte están los
documentales y reportajes que encuentran en estos poblados, y sin mucho
esfuerzo, verdaderos casos de injusticia y exclusión que sólo creíamos posibles
en Eritrea o Sudán. Por la otra, está la negligente representación de Televisa
o TV Azteca que muestra a través de sus novelas pueblitos mágicos,
costumbristas y hermosos, donde la gente anda de sombrero pero con vestidos y
pantalones de diseñador… Inexistentes.
Es así como es muy complicado,
tanto en la ficción como en el documental, mostrar a este México sin caer en
tendenciosos maniqueos que lo único que hacen es polarizar más a un país que lo
que menos necesita es más división.
Encontrarme con una película como
La
tirisia (México, 2014) me hace feliz, no sólo por su hilarante
fotografía, sino porque habla de una mujer común, sin ser feminista ni posmo
empoderada, que tiene que decidir entre su hijo bastardo o su marido y sus
hijos que tuvo con él.
Cheba (Adriana Paz) entrelaza a través de sus pasiones y virtudes una
tragedia que se ve aderezada por la vida que se rige, como en cualquier pueblo
serrano “olvidado por dios”, por la politequería, la iglesia, la migración a
Estados Unidos y los militares, en ese orden.
La calentura o la soledad de
Cheba la lleva a meterse con un vecino que trabaja la sal, el embarazo y su
decisión por no abortar representa un problema por la próxima llegada de su
marido desde Estados Unidos que viene para quedarse aunque ella no lo sepa.
Mención aparte merece el papel
del Canelita (Noé Hernández) que pondrá en pícara pero cruda perspectiva las
cosas mientras nos muestra cómo vive su
homosexualidad ante la normalidad o la resignación de un pueblo que ve frente así gobernadores
pasar y concibe crudas realidades como el incesto y la violación…
La obra de Jorge Pérez Solano no
cae sin embargo, en un drama barato y predecible ya que ante todo busca reflejar
las interacciones dentro de un carácter casi documental que habla de cómo
ganarse y buscarse la vida e incluso sobrevivir a ella.
Exhibiéndose en la Cineteca
Nacional, la Tirisia es a pesar de su intrínseca melancolía, una pulcra bocanada
de aire fresco para la cinematografía nacional que se abre paso gracias y a
pesar del cine de narcotráfico y violencia que ha cobrado fama mundial.
@PabloReylar

