martes, 29 de septiembre de 2015

La Tirisia y el pulcro regreso a lo básico


Hay cosas que no se cuestionan porque son evidentes; las erecciones matutinas son un ejemplo,  un frijolazo en el diente es otro y los pueblitos calurosos de tres casas enclavados en la sierra que  se vuelven relevantes cuando apenas abrimos un ojo hacia su marginación y pobreza, es otro menos frívolo.  


Butaca apartada


Por una parte están los documentales y reportajes que encuentran en estos poblados, y sin mucho esfuerzo, verdaderos casos de injusticia y exclusión que sólo creíamos posibles en Eritrea o Sudán. Por la otra, está la negligente representación de Televisa o TV Azteca que muestra a través de sus novelas pueblitos mágicos, costumbristas y hermosos, donde la gente anda de sombrero pero con vestidos y pantalones de diseñador… Inexistentes.

Es así como es muy complicado, tanto en la ficción como en el documental, mostrar a este México sin caer en tendenciosos maniqueos que lo único que hacen es polarizar más a un país que lo que menos necesita es más división.

Encontrarme con una película como La tirisia (México, 2014) me hace feliz, no sólo por su hilarante fotografía, sino porque habla de una mujer común, sin ser feminista ni posmo empoderada, que tiene que decidir entre su hijo bastardo o su marido y sus hijos que tuvo con él.

Cheba (Adriana Paz)  entrelaza a través de sus pasiones y virtudes una tragedia que se ve aderezada por la vida que se rige, como en cualquier pueblo serrano “olvidado por dios”, por la politequería, la iglesia, la migración a Estados Unidos y los militares, en ese orden.

La calentura o la soledad de Cheba la lleva a meterse con un vecino que trabaja la sal, el embarazo y su decisión por no abortar representa un problema por la próxima llegada de su marido desde Estados Unidos que viene para quedarse aunque ella no lo sepa.

Mención aparte merece el papel del Canelita (Noé Hernández) que pondrá en pícara pero cruda perspectiva las cosas mientras  nos muestra cómo vive su homosexualidad ante la normalidad o la resignación  de un pueblo que ve frente así gobernadores pasar y concibe crudas realidades como el incesto y la violación…

La obra de Jorge Pérez Solano no cae sin embargo, en un drama barato y predecible ya que ante todo busca reflejar las interacciones dentro de un carácter casi documental que habla de cómo ganarse y buscarse la vida e incluso sobrevivir a ella.


Exhibiéndose en la Cineteca Nacional, la Tirisia es a pesar de su intrínseca melancolía, una pulcra bocanada de aire fresco para la cinematografía nacional que se abre paso gracias y a pesar del cine de narcotráfico y violencia que ha cobrado fama mundial. 

@PabloReylar

sábado, 26 de septiembre de 2015

El cuerpo



¿Qué pasó muñeca, cómo tas?¿Qué haces? Ahh ajá, ajá. Órales... Mmmm, a ver dime ¿ por qué eres tan pinche chismosa? Jajaja, sí, sí, te creo, chismosa como tú sola pinche vieja fea...

La combi seguía estacionada hambrienta de pasaje. Quería llenar hasta el último de sus huecos y yo me encontraba allí, esperando. Con el culo ya sudado y los pies doloridos (pinches zapatos) junto a este carnal. Lo llamo así porque estando tan juntos la familiaridad se da de forma natural.

Seeeee, estuve pisteando con el Moi. Orita me estoy chingando una New Mix, tengo otras tres en la mochila, Ooots, ya sabes...

Y esporádicamente soltaba eructos, y esporádicamente bebía para seguir charlando con su muñeca. Sus lentes oscuros cubrían su frente ¿del sol? Su pantalón azul, con bolsas a la altura de las rodillas, cubría las botas empolvadas y visiblemente grandes. Su aspecto era el de un custodio.

Te dije cabrona, te dije que ibas a acabar bien peda, te lo advertí y no me creístes. Ay no, si no hay cerveza no voy a tomar, naaa, hija de tu pinche madre jaja.

Todos lo miraban, ni qué dudarlo, porque hablaba tan fuerte y su saliva era como la brisa de las aguas tratadas que refrescan los pastos en los parques y espacios públicos. Al menos eso me indicaban los gestos de la mujer canosa que terminó por retacar aquel espacio y provocar la chispa que encendiera el motor. Ahhh Ixtapaluca, allá vamos.

Avanzamos raudos sobre la avenida Ignacio Zaragoza. Por la ventanilla se podían mirar los miles de viejos y nuevos autos, las grandes unidades, los vendedores, los cantantes. Las mujeres con tacones exagerados, los drogadictos que se reúnen en las canchas del camellón...

Si, Ah ¿Sabes quién, quién esteee, quién se murió? Nooooo... el hijo de la señora que vende tamales. No mames, ese es el otro. Yo digo el chaparrito. Pus independientemente de la bronca que tuve con él qué mal pedo ¿no? Ps eso sí pero ¿a qué voy? ¿Namás de pinche hipócrita? Nel, es mi tía y todo pero hasta allí ¿o no?

La segunda New Mix se consumió, los pasajeros, algunos, dormían. Los puentes seguían pudriéndose, la ciudad seguía creciendo y yo, yo me seguía cagando. Al paso de los 70 minutos de rigor fue mi turno para abrir por fin la boca. Te cobras por favor. Me dejas en los bomberos.

Ps si, ya hice el examen y todo, ya me dijeron que sí le voy a entrar. Ajá yo creo que la próxima semana ya estoy en el cuerpo. ¡¡A wevo!! en el distrito.

La combi frenó y la puerta se abrió, me preparé para bajar.

Ey... policía de la ciudad de México, cómo ves...

¡En la madre! Dije yo.


Osomajtliliztli

jueves, 24 de septiembre de 2015

Con Piedritas y Terrones

Vacío Colectivo

Aquella mañana de sábado Jacinto se levantó con la sensaciñon de que había perdido algo. Desesperado buscó en las bolsas de la chamarra que había usado el día anterior y halló las llaves de la casa, sus monedas y el teléfono celular.  Contó que en el llavero estuvieran las mismas tres llaves de siempre y aún así sentía que le faltaba algo. La sensación no lo abandonó durante toda la mañana y decidió salir a las calles para ver si lograba entender ese sentimiento.

A miles de kilómetros de distancia Ana María despertó de lo que ella juraba había sido un mal sueño: ella y su hermano habían desaparecido sin dejar rastro alguno. Abrió los ojos y levantó la cabeza y corroborar que ambos seguían durmiendo en la misma recámara-comedor-cocina del cuarto donde rentaban. Cuando la resaca de aquel mal sueño comenzó a diluirse un mal presentimiento se adueñó de ella. Era como si aunque su familia estuviera ahí le hubieran quitado algo. Se puso las botas, el pantalón desgastado y la playera negra que había usado el día anterior, salió a fumar pero el aire que consumía el cigarro estaba enrarecido.

José Luis abrió el periódico de esa mañana con un sentimiento de vacío, no dudó en atribuirlo a su aventura por la capital, llevaba tres meses solo en la ciudad y en algunas ocasiones la soledad le había provocado sensaciones como las que experimentaba en ese instante y, sin embargo, reconoció que había algo más. Se sentía raro. Centró sus ojos en el papel y la primera página de noticias nacionales encontró un casi rutinario “ataques dejan seis muertos en Iguala”, no decía más, no le dio importancia, viviendo en este país es una costumbre insana saber que siempre hay muertos por violencia. Cerró el periódico, pero aún seguía sintiendo aquel vacío.Se preparó un café y se sentó a mirar a través de la ventana.

Ya a mediodía, el Costas presa del mismo vacío y lleno de cierto asco por los medios que según él “sólo sirven para engrandecer y legitimar a los gobiernos corruptos”, se dispuso a visitar su computadora y esperar encontrar noticias de su novia que se encontraba en otro país. Atribuía ese sentimiento raro a las ganas de verla, sin embargo, conforme comenzó a indagar en su perfil de una red digital muy famosa, empezó a enterarse de algunas cosas, lo primero que vio fue algo que lo horrorizó: un cadáver con el rostro desollado, no había mucha información, sólo se decía que era una víctima del día anterior. Otras cosas circulaban con poca claridad pero ya se hablaba de desaparecidos. El sentimiento de vacío comenzaba a tomar forma.

Conforme avanzó la tarde le pusieron número a esos desparecidos: 43. Los días avanzaron y ese vacío colectivo comenzó a tener razón, a todos les hacían falta esos 43, exigían las renuncias de algunos mandos y la reaparición de los caídos. Se dieron cuenta todos que ese sentimiento de vacío estaba siendo llenado por la ausencia de aquellos estudiantes.

Empapado por ese ambiente de protesta, y tras reflexionar un poco el Costas pensó, no esperen, no pensó esa es una palabra peligrosa en estos tiempos, intuyó que no son sólo 43 los que faltan, son tantos miles de desaparecidos, otros miles de muertos y otros tantos amedrentados en un país en el que, cada vez más, se es perseguido por tener la desfachatez ya no de pensar diferente, sino simplemente de pensar. En estos tiempos, hace 57 años, hace 60 y tantos años siempre ha ido un pecado pensar, este simple acto puede llegar a ser subversivo para una clase dirigente representada por alguien que ha sido incapaz de mencionar tres libros importantes en su vida o las capitales de los estados, por eso aunque el Costas sí pensó, prefiere dejarlo en sacó conclusiones de sus reflexiones.

Costas

lunes, 21 de septiembre de 2015

Otro 19 de septiembre más


Vivo en Tlatelolco, en ese rumbo de la ciudad anecdótico, politiquero y tan manoseado por el imaginario popular de los defeños que está al centro-norte de la mancha urbana, dirán centro si viven digamos en Coacalco, pero norte si vives en el sur y es que Tlatelolco aunque en realidad está muy cerca del centro, se percibe entre los capitalinos como un pequeño y lejano enclave socialista-comunista que destaca entre barrios y colonias populares que muchos buscan evitar.


Posmo Bites


Tras vivir veintitantos años aquí, te acostumbras a percibir el 19 de septiembre como una fecha totémica de mucho recogimiento  y protocolo en donde es obligado escuchar, ver y leer material que tenga relación con el terremoto de 1985 que sacudió en 8.1 grados Richter la ciudad de México y dejó algo así como 10 mil muertos.

Muchos de mis amigos dicen que los de Tlatelolco tenemos una relación permanente y medio obsesiva con la muerte, entre el miedo real y la evasión de la realidad; “un día fui a Tlatelolco y sentí que se podía oler la muerte” decía decidido un amigo de la prepa.

No podría decir si es una colonia normal o no, pero sí que creo que es diferente, muy oscura (literalmente, hay poca iluminación), sobria y sí, medio mórbida… y es que la mayoría de la gente que vive aquí son personas mayores que presenciaron el terremoto y que tienen un par de historias que contar cada año que septiembre se hace presente.

El terremoto fue trágico, sí, nadie que viva aquí puede obviar el hecho que dos módulos de un edificio de 15 pisos colapsaron ese día matando alrededor de 300 personas, familias completas quedaron sepultadas entre pedazos de los más de 100 departamentos que arroparon sus hogares y en menos de un minuto quedaron reducidos a pesadas piezas deformes de concreto.

Efectivamente, yo no había nacido pero fuera de las “n” historias que conozco de gente que quedó sepultada ahí, la realidad es que el espacio transformado en una plaza existe; quieto y atemporal. He pasado decenas de veces por ahí y aunque el reloj de sol y sus jardineras hacen del espacio hasta amigable, uno no puede evitar sentir un profundo ensimismamiento y vulnerabilidad.

Y aunque muchos posmos podemos pensar que la muerte es lo más natural y cotidiano del mundo, la realidad es que el hecho cambia cuando la muerte es repentina y poco digna; el ejercicio mental de pensar en morir aplastado, desmembrado o lentamente sofocado por los escombros no es tan “natural” ni “normal” como a los más holísticos-new-age les gusta predicar.

La realidad es cabrona, injusta y no tan lejana, ni ajena,  y aunque la mayoría de los que leen esta columna son millennials que tienen en sus recuerdos más tristes a Pikachú llorando, es interesante que imaginen como sería morir mientras están cagando en la mañana o mientras se bañan y son aplastados por varias lozas, o mejor aún, morir de hambre y sed tras varios días de estar atrapado respirando polvo en la oscuridad.

El ejercicio, les aseguro, no es tan improductivo como seguro están pensando, al menos es útil para reflexionar como NO nos gustaría morir y es necesario para entender por qué la gente mayor tiene tantos asuntos pendientes con esa fecha y más aún para tener algo más que decir u opinar a la hora de ver en la tele, revistas, internet o periódico “otro pinche” documental, especial, testimonio del terremoto, además del trillado “no mamen, eso ya pasó”, “es que todos nos tenemos que morir” o el clasiquísimo “supérenlo”.

Para finalizar, sólo como dato cultural, les paso el dato que en Tlatelolco no se cayeron “muchos” edificios, de hecho sólo fue uno, el “Nuevo León”, y eso parcialmente; once más tuvieron que ser demolidos posteriormente y la mayoría de los que quedaron en pie fueron reparados en su estructura aunque, por supuesto, eso no es garantía de nada y aun así haya muerto una sola persona aplastada ya nos da para pensar que como diría Carmen Salinas: “Ay mijito, no somos nada”.  



…Y la verdad no sé si lo diría pero los memes y su capacidad discursiva me hacen pensar que sí.

@PabloReylar en Twitter






viernes, 11 de septiembre de 2015

Llegando a París

El día que llegué a París con la idea de vivir aquí pensé: ¿qué tan difícil puedes ser encontrar un departamento? Para empezar es una de las ciudades más visitadas del mundo y estúpidamente pasé por alto que eso significa que todo el mundo quiere estar aquí aunque sea unas cuantas noches, ergo, el valor del suelo es ridículo, obviamente el precio de la renta y el hospedaje por noche es igual de absurdo, eso sin pensar en el precio de la vida. 

Claro que si usted cree que los hostales con 8 camas en la misma habitación son cómodos pues nuestras percepción de comodidad y ahorro no tienen punto de comparación.

Inocentemente llegué al aeropuerto de Orly con mis maletas –sí , maletas en plural porque sigo sin aprender a empacar lo estrictamente necesario- lista para llegar al estudio (entiéndase que un estudio en París es un eufemismo a un hogar de 16 m2) de mi amiga mexicana que en ese entonces trabajaba en París y estudiaba en Rennes. Ella sin saberlo me tendría como visita más de lo esperado.

Mi “ingenuidad” estaba justificada pues antes de mudarme a Francia busqué departamento durante meses por internet y para hacer el cuento corto después de muchas negociaciones llegué a Rennes y desde el primer día tenía dónde vivir, un lugar bien ubicado y compartiendo el departamento con una alemana y dos francesas.  

La segunda vez fue un poco similar pero en Bruselas también encontré donde vivir desde el primer día y debía compartir el departamento con una alemana y un “belga”, aunque el “belga” no me permitía hacer ruido en la cocina y el baño estaba en condiciones deplorables… después de dos noches encontré un “kot” que ¿qué es un kot? Un kot puede ser lo mismo una casa o que un edificio entero (mi caso) donde pagas por tu habitación y el resto es compartido, la sala, la regadera, la cocina, el jardín , etc. Es como una residencia de estudiantes pero cada recámara puede estar mejor  o peor equipada dependiendo del precio. 

En síntesis, París debería haber sido pan comido para alguien con “experiencia” en páginas de internet para rentar o para compartir alojamientos. El pequeño detalle es que aquí 15 metros cuadrados pueden llegar a costar de 600 a 800 euros. ¿Piensa venir? Pues espero tenga familiares europeos que ganen tres veces el valor de la renta y puedan quedar como aval y les firmen, más el respectivo depósito de adelanto en caso de crear algún daño a la propiedad, más comprobantes de ingresos y esperar a que el casero sienta que su solicitud es viable, ya que recordemos que atrás de usted está otra persona lista con los papeles y bolígrafo en mano para firmar en cuanto le falte algún papel.  

Digamos que encuentra un casero buena onda, que entiende que usted no tiene a nadie que le firme que queda como aval ¡no importa! En Francia al parecer pueden congelar el dinero de su cuenta bancaria para que esa cantidad equivalente al tiempo que planea quedarse quede de aval… porque obvio todos tenemos dinero en exceso para congelarlo en el banco y no tocarlo ¿cierto?

Bueno no todo en Francia es tragedia, también hay algo llamado CAF, que en pocas palabras le dan dinero para su renta por ser estudiante, sí, Francia le da dinero sin importarle si usted es o no francés, sólo tiene que comprobarlo y después de aproximadamente tres meses recibes una fracción de su renta, la cantidad puede variar según la renta que esté pagando pero hasta hoy sigo sin saber de otro país que dé dinero siendo extranjero para ayudarle con su alojamiento. 

En mi caso no fue posible aplicar a esta ayuda ya que el gobierno al parecer cobra un impuesto a los que deciden rentar su propiedad y por ello se autoriza que la propiedad sea aplicable a la CAF, esto significa que si su casero no quiere pagarle eso al gobierno simplemente les expide una carta constando de que los alberga …pues ¡porque quiere! y pueden usar la dirección para sus debidos trámites, todo esto con su respectivo pago mensual. 

El pro de llegar a un acuerdo de este tipo es que la renta disminuye un poco, lo malo es que no recibirán ni un céntimo del gobierno francés y si algo llegase a suceder o cambia de opinión respecto a cuánto tiempo quiere rentarles no hay manera de negociar o apelar por la vía legal.

Aún no puedo comprender qué pasaba por mi cabeza cuando decidí que era una buena idea vivir en París. 

Mariana Cano


Laisser Tomber