¿Qué pasó muñeca, cómo tas?¿Qué
haces? Ahh ajá, ajá. Órales... Mmmm, a ver dime ¿ por qué eres
tan pinche chismosa? Jajaja, sí, sí, te creo, chismosa como tú
sola pinche vieja fea...
La combi seguía estacionada hambrienta
de pasaje. Quería llenar hasta el último de sus huecos y yo me
encontraba allí, esperando. Con el culo ya sudado y los pies
doloridos (pinches zapatos) junto a este carnal. Lo llamo así porque
estando tan juntos la familiaridad se da de forma natural.
Seeeee, estuve pisteando con el Moi.
Orita me estoy chingando una New Mix, tengo otras tres en la mochila,
Ooots, ya sabes...
Y esporádicamente soltaba eructos, y
esporádicamente bebía para seguir charlando con su muñeca. Sus
lentes oscuros cubrían su frente ¿del sol? Su pantalón azul, con
bolsas a la altura de las rodillas, cubría las botas empolvadas y
visiblemente grandes. Su aspecto era el de un custodio.
Te dije cabrona, te dije que ibas a
acabar bien peda, te lo advertí y no me creístes. Ay no, si no hay
cerveza no voy a tomar, naaa, hija de tu pinche madre jaja.
Todos lo miraban, ni qué dudarlo,
porque hablaba tan fuerte y su saliva era como la brisa de las aguas
tratadas que refrescan los pastos en los parques y espacios públicos.
Al menos eso me indicaban los gestos de la mujer canosa que terminó
por retacar aquel espacio y provocar la chispa que encendiera el
motor. Ahhh Ixtapaluca, allá vamos.
Avanzamos raudos sobre la avenida
Ignacio Zaragoza. Por la ventanilla se podían mirar los miles de
viejos y nuevos autos, las grandes unidades, los vendedores, los
cantantes. Las mujeres con tacones exagerados, los drogadictos que se
reúnen en las canchas del camellón...
Si, Ah ¿Sabes quién, quién esteee,
quién se murió? Nooooo... el hijo de la señora que vende tamales.
No mames, ese es el otro. Yo digo el chaparrito. Pus
independientemente de la bronca que tuve con él qué mal pedo ¿no?
Ps eso sí pero ¿a qué voy? ¿Namás de pinche hipócrita? Nel, es
mi tía y todo pero hasta allí ¿o no?
La segunda New Mix se consumió, los
pasajeros, algunos, dormían. Los puentes seguían pudriéndose, la
ciudad seguía creciendo y yo, yo me seguía cagando. Al paso de los
70 minutos de rigor fue mi turno para abrir por fin la boca. Te
cobras por favor. Me dejas en los bomberos.
Ps si, ya hice el examen y todo, ya me
dijeron que sí le voy a entrar. Ajá yo creo que la próxima semana
ya estoy en el cuerpo. ¡¡A wevo!! en el distrito.
La combi frenó y la puerta se abrió,
me preparé para bajar.
Ey... policía de la ciudad de México,
cómo ves...
¡En la madre! Dije yo.
Osomajtliliztli
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