sábado, 26 de septiembre de 2015

El cuerpo



¿Qué pasó muñeca, cómo tas?¿Qué haces? Ahh ajá, ajá. Órales... Mmmm, a ver dime ¿ por qué eres tan pinche chismosa? Jajaja, sí, sí, te creo, chismosa como tú sola pinche vieja fea...

La combi seguía estacionada hambrienta de pasaje. Quería llenar hasta el último de sus huecos y yo me encontraba allí, esperando. Con el culo ya sudado y los pies doloridos (pinches zapatos) junto a este carnal. Lo llamo así porque estando tan juntos la familiaridad se da de forma natural.

Seeeee, estuve pisteando con el Moi. Orita me estoy chingando una New Mix, tengo otras tres en la mochila, Ooots, ya sabes...

Y esporádicamente soltaba eructos, y esporádicamente bebía para seguir charlando con su muñeca. Sus lentes oscuros cubrían su frente ¿del sol? Su pantalón azul, con bolsas a la altura de las rodillas, cubría las botas empolvadas y visiblemente grandes. Su aspecto era el de un custodio.

Te dije cabrona, te dije que ibas a acabar bien peda, te lo advertí y no me creístes. Ay no, si no hay cerveza no voy a tomar, naaa, hija de tu pinche madre jaja.

Todos lo miraban, ni qué dudarlo, porque hablaba tan fuerte y su saliva era como la brisa de las aguas tratadas que refrescan los pastos en los parques y espacios públicos. Al menos eso me indicaban los gestos de la mujer canosa que terminó por retacar aquel espacio y provocar la chispa que encendiera el motor. Ahhh Ixtapaluca, allá vamos.

Avanzamos raudos sobre la avenida Ignacio Zaragoza. Por la ventanilla se podían mirar los miles de viejos y nuevos autos, las grandes unidades, los vendedores, los cantantes. Las mujeres con tacones exagerados, los drogadictos que se reúnen en las canchas del camellón...

Si, Ah ¿Sabes quién, quién esteee, quién se murió? Nooooo... el hijo de la señora que vende tamales. No mames, ese es el otro. Yo digo el chaparrito. Pus independientemente de la bronca que tuve con él qué mal pedo ¿no? Ps eso sí pero ¿a qué voy? ¿Namás de pinche hipócrita? Nel, es mi tía y todo pero hasta allí ¿o no?

La segunda New Mix se consumió, los pasajeros, algunos, dormían. Los puentes seguían pudriéndose, la ciudad seguía creciendo y yo, yo me seguía cagando. Al paso de los 70 minutos de rigor fue mi turno para abrir por fin la boca. Te cobras por favor. Me dejas en los bomberos.

Ps si, ya hice el examen y todo, ya me dijeron que sí le voy a entrar. Ajá yo creo que la próxima semana ya estoy en el cuerpo. ¡¡A wevo!! en el distrito.

La combi frenó y la puerta se abrió, me preparé para bajar.

Ey... policía de la ciudad de México, cómo ves...

¡En la madre! Dije yo.


Osomajtliliztli

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