lunes, 21 de septiembre de 2015

Otro 19 de septiembre más


Vivo en Tlatelolco, en ese rumbo de la ciudad anecdótico, politiquero y tan manoseado por el imaginario popular de los defeños que está al centro-norte de la mancha urbana, dirán centro si viven digamos en Coacalco, pero norte si vives en el sur y es que Tlatelolco aunque en realidad está muy cerca del centro, se percibe entre los capitalinos como un pequeño y lejano enclave socialista-comunista que destaca entre barrios y colonias populares que muchos buscan evitar.


Posmo Bites


Tras vivir veintitantos años aquí, te acostumbras a percibir el 19 de septiembre como una fecha totémica de mucho recogimiento  y protocolo en donde es obligado escuchar, ver y leer material que tenga relación con el terremoto de 1985 que sacudió en 8.1 grados Richter la ciudad de México y dejó algo así como 10 mil muertos.

Muchos de mis amigos dicen que los de Tlatelolco tenemos una relación permanente y medio obsesiva con la muerte, entre el miedo real y la evasión de la realidad; “un día fui a Tlatelolco y sentí que se podía oler la muerte” decía decidido un amigo de la prepa.

No podría decir si es una colonia normal o no, pero sí que creo que es diferente, muy oscura (literalmente, hay poca iluminación), sobria y sí, medio mórbida… y es que la mayoría de la gente que vive aquí son personas mayores que presenciaron el terremoto y que tienen un par de historias que contar cada año que septiembre se hace presente.

El terremoto fue trágico, sí, nadie que viva aquí puede obviar el hecho que dos módulos de un edificio de 15 pisos colapsaron ese día matando alrededor de 300 personas, familias completas quedaron sepultadas entre pedazos de los más de 100 departamentos que arroparon sus hogares y en menos de un minuto quedaron reducidos a pesadas piezas deformes de concreto.

Efectivamente, yo no había nacido pero fuera de las “n” historias que conozco de gente que quedó sepultada ahí, la realidad es que el espacio transformado en una plaza existe; quieto y atemporal. He pasado decenas de veces por ahí y aunque el reloj de sol y sus jardineras hacen del espacio hasta amigable, uno no puede evitar sentir un profundo ensimismamiento y vulnerabilidad.

Y aunque muchos posmos podemos pensar que la muerte es lo más natural y cotidiano del mundo, la realidad es que el hecho cambia cuando la muerte es repentina y poco digna; el ejercicio mental de pensar en morir aplastado, desmembrado o lentamente sofocado por los escombros no es tan “natural” ni “normal” como a los más holísticos-new-age les gusta predicar.

La realidad es cabrona, injusta y no tan lejana, ni ajena,  y aunque la mayoría de los que leen esta columna son millennials que tienen en sus recuerdos más tristes a Pikachú llorando, es interesante que imaginen como sería morir mientras están cagando en la mañana o mientras se bañan y son aplastados por varias lozas, o mejor aún, morir de hambre y sed tras varios días de estar atrapado respirando polvo en la oscuridad.

El ejercicio, les aseguro, no es tan improductivo como seguro están pensando, al menos es útil para reflexionar como NO nos gustaría morir y es necesario para entender por qué la gente mayor tiene tantos asuntos pendientes con esa fecha y más aún para tener algo más que decir u opinar a la hora de ver en la tele, revistas, internet o periódico “otro pinche” documental, especial, testimonio del terremoto, además del trillado “no mamen, eso ya pasó”, “es que todos nos tenemos que morir” o el clasiquísimo “supérenlo”.

Para finalizar, sólo como dato cultural, les paso el dato que en Tlatelolco no se cayeron “muchos” edificios, de hecho sólo fue uno, el “Nuevo León”, y eso parcialmente; once más tuvieron que ser demolidos posteriormente y la mayoría de los que quedaron en pie fueron reparados en su estructura aunque, por supuesto, eso no es garantía de nada y aun así haya muerto una sola persona aplastada ya nos da para pensar que como diría Carmen Salinas: “Ay mijito, no somos nada”.  



…Y la verdad no sé si lo diría pero los memes y su capacidad discursiva me hacen pensar que sí.

@PabloReylar en Twitter






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