sábado, 4 de mayo de 2013

Con Piedritas y Terrones

Nachito
 
Las necesidades oprimen los sueños hasta matarlos de asfixia, las calles desiertas evocan la soledad, la desesperanza; la oscuridad de la madrugada sugiere que el sol ha olvidado su cita con el destino y sus rayos se niegan a besar el suelo que pisa el somnoliento Nachito.
Las pueriles manos de Nachito ahuyentan, mecánicamente, las lagañas enamoradas de sus ojos, las uñas llenas de tierra, controlan el caos provocado por los piquetes de mosco que, como de costumbre, han cenado la sangre que queda en sus venas, la que ha dejado el patrón, a quien espera para comenzar el rito de nuevo, cargar cajas de fruta, para recibir algunas monedas a cambio.
Nachito espera, como le ha recomendado su madre, bajo la luz parpadeante del poste, pensando en el desayuno que comprará con el dinero que aún no le han dado, el dinero que aún no sabe si le darán, extraña incansable los días en que tenía que ir a la escuela, nunca le gustó, y hasta celebró la noticia cuando su madre le dijo que tendría que trabajar porque no había dinero, pero hoy, lo daría todo por regresar.
Un gato camina en la calle, lleva en el hocico una lata vacía, se mueve despacio, elegante, atento a los movimientos de Nachito quien hundido en sus recuerdos ni siquiera lo nota;  el gato tira la lata y el ruido saca a Nachito del trance, tras explorar la calle con la mirada, alcanza a ver la cola del que le provocó el susto. Le dan ganas de ir tras él, jugar un rato y alimentarlo, pero recuerda que para poder comer, primero tiene que trabajar y se mantiene en pie, deteniendo el poste.
De entre la oscuridad, una camioneta se acerca lentamente, trae la batea llena de cajas repletas de fruta, un hombre mira a Nachito, con un movimiento de cabeza le indica que suba, Nachito se hace espacio entre las cajas y le indica al conductor que está listo dando un golpe a la ventana, el motor de la camioneta ruge y comienza a moverse, Nachito desde su lugar, mira cómo todo su mundo se va alejando, sus juegos, sus esperanzas y sus sueños quedan atrás para encontrarse en la dirección opuesta con la inevitable cita de todos los días: su realidad.
Costas.

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