Estaba
temblando de rabia. De la sala sus pasos, de un lado al otro.
Sostenía con fuerza el teléfono celular, leía el mensaje de nuevo:
“Claudita, mi niña, sabes que te amo, que siempre te he amado Att. Raúl". (¡Hijo de perra! ¿Por qué a mi? y pensar en todas esas noches y días, y palabras melosas que le entregué ¡pero qué pendejo soy, es... es una puta!)
De la
cerradura emergió un sonido de muerte. La madera de tan vieja
crujía. Una voz llenó la casa, ¡ya llegué! (era un eco
familiar). Claudia prendió la luz de la sala, al tiempo, dejaba sobre
la silla su bolso y encendió el televisor. Miguel se había sentado,
la miraba con ojos profundos, se inclinaba para esparcir cenizas
sobre la meza de centro.
“¿Cómo te fue?” preguntó “olvidaste
tu celular” y los labios le temblaban, apretó los puños, esperaba
una respuesta sincera. Claudía se quitaba las botas negras de piel
genuina, tragó saliva, parecía inquieta.
“Qué aroma maravilloso”
pensó Miguel, adoraba sus sus piernas, adoraba su figura. La imaginó desnuda y sensual sobre la cama; el ceño
se le retorcía frenética, loca y desesperadamente ¡quisiera alcanzar su cuello de un salto! golpear su
cabeza contra las paredes, arrancarle la ropa, asfixiarla de una vez de tanto amor y resentimiento! sintió un calor extraño sobre la nuca...
Miguel jadeaba, sobre la cama matrimonial; el cuerpo de
Claudia, violado, no se movía más, no hablaba, no caminaba más, no esparcía más su perfume por el resto de la casa. De la rubia cabellera quedaba solamente una masa
tosca y repugnante ¡hedía allí adentro!
Miguel salió deprisa,
con el pánico de la culpa apretando sus piernas. La noche que lo
cubría todo lo vio subir las escaleras del puente en la avenida ocho. Lo observó Levantar su cuerpo sobre
la pequeña reja y Saltó. Las calles amanecerían ensangrentadas, manchadas por una maraña de tripas y sesos.
Esa misma noche la madre de Claudia hablaba por
teléfono con un hombre, colgó y comenzó a llorar. “Qué pasa”
preguntó tiernamente su hijo mayor “Es el puto de tu papá... se desaparece por tanto tiempo y
ahora me dice que me ama y no se qué chingaderas... dice que ha estado mandando mensajes a claudita y no
contesta, que cómo está y de más. Ustedes si quieren hablen con él, pero por mi que se muera”.
Osomaktli Gutiérrez
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