domingo, 21 de abril de 2013

De quien nunca escucha razones



Estaba temblando de rabia. De la sala sus pasos, de un lado al otro. Sostenía con fuerza el teléfono celular, leía el mensaje de nuevo: “Claudita, mi niña, sabes que te amo, que siempre te he amado Att. Raúl". (¡Hijo de perra! ¿Por qué a mi? y pensar en todas esas noches y días, y palabras melosas que le entregué ¡pero qué pendejo soy, es... es una puta!)
De la cerradura emergió un sonido de muerte. La madera de tan vieja crujía. Una voz llenó la casa, ¡ya llegué! (era un eco familiar). Claudia prendió la luz de la sala, al tiempo, dejaba sobre la silla su bolso y encendió el televisor. Miguel se había sentado, la miraba con ojos profundos, se inclinaba para esparcir cenizas sobre la meza de centro. 
“¿Cómo te fue?” preguntó “olvidaste tu celular” y los labios le temblaban, apretó los puños, esperaba una respuesta sincera. Claudía se quitaba las botas negras de piel genuina, tragó saliva, parecía inquieta. 

“Qué aroma maravilloso” pensó Miguel, adoraba sus sus piernas, adoraba su figura. La imaginó desnuda y sensual sobre la cama; el ceño se le retorcía frenética, loca y desesperadamente ¡quisiera alcanzar su cuello de un salto! golpear su cabeza contra las paredes, arrancarle la ropa, asfixiarla de una vez de tanto amor y resentimiento!  sintió un calor extraño sobre la nuca...

Miguel jadeaba, sobre la cama matrimonial; el cuerpo de Claudia,  violado, no se movía más, no hablaba, no caminaba más, no esparcía más su perfume por el resto de la casa. De la rubia cabellera quedaba solamente una masa tosca y repugnante ¡hedía allí adentro! 

Miguel  salió deprisa, con el pánico de la culpa apretando sus piernas. La noche que lo cubría todo lo vio subir las escaleras del puente en la avenida ocho. Lo observó  Levantar su cuerpo sobre la pequeña reja y  Saltó. Las calles amanecerían ensangrentadas, manchadas por una maraña de tripas y sesos. 

Esa misma noche la madre de Claudia hablaba por teléfono con un hombre, colgó y comenzó a llorar. “Qué pasa” preguntó tiernamente su hijo mayor “Es el puto de tu papá... se desaparece por tanto tiempo y ahora me dice que me ama y no se qué chingaderas...  dice que ha estado mandando mensajes a claudita y no contesta, que cómo está y de más. Ustedes si quieren hablen con él, pero por mi que se muera”.


Osomaktli Gutiérrez

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