lunes, 4 de enero de 2016

No existe La vida después de Güeros

2015 dejó películas increíbles que sin duda hicieron mi año más saludable. Saludable porque ya saben mi intolerancia hacia ésas que a los quince minutos ya sabes cómo va a terminar todo y nada más atentan contra mi estabilidad emocional y mi gastritis.


Butaca apartada


En 2014 no me cansé de decir que Las Búsquedas es quizá una de las peores películas del “nuevo chavorruco cine mexicano” y miren que hay de dónde escoger… pero este año este temido mote se lo llevó la inmamable La vida después (Muchos aplausos). No hubo peor bodrio que éste. 

Las Búsquedas

La combinación sinopsis-avances funcionó y despertó mi interés inherente a las películas mexicanas melancólicas que rascan en las frágiles y antónimas relaciones familiares, sin embargo, La vida después (David Pablos) resultó una desafortunada, desangelada y desesperadamente pretenciosa roadmovie que parece la hermana norteña y con secundaria trunca de la muy defeña y sí gloriosa Güeros.

La vida después

Dos hermanos van en búsqueda de su etérea e inestable madre que se ha marchado a un extraño autoexilio en la casa de sus padres en Cananea, Sonora; en el camino, a través de los interesantísimos paisajes desérticos (sic!) los dos hermanos expondrán su trastocada relación por el abandono, la indiferencia y el enojo.

Aunque la película parece querer tratar de una manera sutil pero ambiciosa el derrumbe de la figura materna como pilar de integridad y bondad, la cinta carece de argumento, de un buen guion y hasta de dirección actoral suficiente ya que se desperdicia la capacidad de Maria Renée Prudencio (Silvia) que en todo momento se ve desencajada y fuera de tono.

Los personajes no están bien estructurados, carecen de elementos que te provoquen empatía o rechazo, más bien son unas  simples y olvidables figuras que les da hueva absolutamente todo lo que les sucede; no hay curva dramática, no vienen ni van a ningún lado y jamás quedan claras las intenciones o pasiones de alguno de los tres protagonistas.

La fotografía es básica, como un amateur haciendo experimentos “chidos” con su cámara nueva, los planos son tediosos y la dirección de arte es tan snob que parece que en lugar de Sonora uno está viendo gente y circunstancias propias del medio oeste  de Estados Unidos; quieren hacer lucir a Sonora como Oklahoma o Arkansas…


¿Por qué la comparación con Güeros? Las dos son roadmovies, en las dos se busca a una especie de antihéroe, en las dos hay protagonistas jóvenes varones y las dos buscan resaltar la idiosincrasia de los lugares donde están hechas, una el DF, la otra disque Sonora. 

No, no existe La vida después de Güeros.


Güeros

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