martes, 16 de abril de 2013

Con Piedritas y Terrones

El paso del tiempo


El reloj caminaba, no no caminaba, movía las manecillas de la manera más lenta que Ulises recordaba en los últimos cinco años, a decir verdad,  tenía seis de haber aprendido a leer la hora en el reloj, su abuelo lo había enseñado poco antes de morir, desde entonces se había obsesionado con la cuenta el tiempo.

A sus diez años, ya había hecho una estadística sobre cuánto tiempo tardaba cada integrante de la familia en el baño, había superado su marca para bajar las escaleras del patio (cuando impuso el récord se tiró dos dientes y se rompió una costilla), tenía medido el tiempo que tardaba su mamá en abrir la puerta después de que alguien tocaba el timbre y tenía hasta la cuenta de las veces que su papá repetía su muletilla preferida (sí cabrón) en un minuto.

Pero aquella mañana todo parecía al revés, tenía la sensación de que los segundos eran eternos. “¿Por qué el tiempo siempre pasa lento cuando necesitas desaparecer?” Y es que antes de entrar a clases, Ximena,  la niña que siempre le había gustado, le había dicho que jamás saldría con alguien como él: “chaparro, gordo y lo peor de todo, usas lentes, cuatrojos”

Sus compañeros habían escuchado aquello, cada vez que podían se llevaban las manos a la cara para recordarle sus lentes, necesitaba salir, ir lejos del salón y refugiarse en el rincón más lejano del patio trasero, donde había encontrado el capullo de oruga, con el que platicaba cuando nadie quería jugar con él.

De pronto, un milagro, la campana de la escuela sonó diez minutos antes de la hora de la salida. Ulises tomó sus cosas sin escuchar a la maestra que les decía la tarea para el día siguiente, pensaba que era lo mejor que le había podido pasar. Llegó a casa a la hora que siempre marcaba su reloj: las dos en punto, lo último que necesitaba era que alguien lo regañara, pero su madre lo hizo.

Esa tarde Ulises aprendió que de vez en cuando y sólo a veces, tenía que cambiar la pila de su reloj.

Costas

1 comentario:

  1. Me recuerda los tiempos de la niñez donde todo por pequeño que sea parece súper importante, es genial!!!

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