jueves, 11 de junio de 2015

Con Piedritas y Terrones

Pollito Marx


Había una vez, en una granja lejana, muy lejana, tan lejana que sólo se podía llegar caminando, un pollito que tenía unos pensamientos radicales, muy distintos, por cierto, del resto de sus amiguitos pollitos. Creía que la producción de todos los huevos que su madre y las demás gallinas ponían debía ser repartida entre todos y evitar que el patrón, dueño de todas las gallinas, se llevara el trabajo de todos dentro de la granja.

También creía que ninguno de sus compañeros debía volverse rico a expensas del trabajo del otro y que cada uno de los animales debía poner su trabajo al servicio de los demás, si uno sabía hacer algo debía ser el encargado de que saliera bien.

Sus ideas, que les parecieron congruentes al resto de los animales,  comenzaron a propagarse por los pasillos de aquella granja y sus amigos comenzaron a organizar comités en donde todos participaban activamente, se distribuían las tareas y le enseñaban a los demás animales de la granja a leer, escribir y divulgaban las ideas del pollito.

Todo iba de acuerdo a lo planeado por el pollito, en unas semanas toda la granja estaba de acuerdo con sus ideas y estaban dispuestos a no permitir que nadie más utilizara su trabajo para su propio beneficio. Todos excepto uno, el perro, fiel amigo del dueño de la granja había escuchado las propuestas en las asambleas en donde se concentraban todos los animales. Había advertido que esa manera de pensar atentaba contra los intereses de su dueño, pues él hacía negocio con todos los productos resultado del trabajo de los animales a cambio de darles comida, no se explicaba el porqué del interés de no trabajar para él.

La idea de una huelga comenzó a esparcirse por toda la granja. El perro trató de avisar a su amo, pero no supo cómo hacerle saber lo que pretendían.   Por fin llegó el día de la huelga y no se produjo un solo huevo ni una gota de leche y las ovejas prefirieron trasquilarse unas a otras y tirar su lana al río antes de dejarse rapar por su dueño, los puerquitos sabedores de que su carne era utilizada como alimento, decidieron comenzar una huelga de hambre, todos tenían la convicción de solidarizarse con el de junto.

Al día siguiente el dueño de la granja se levantó y se enrareció al ver el desorden que habían provocado los animales, tuvo incluso que inyectar a los cerditos para que no tuvieran repercusiones por no comer. Desconcertado esperó que al día siguiente todo volviera a la normalidad, sin embargo, la resistencia de los animales se recrudeció, no se producía nada y las consecuencias comenzarían a verse en los ingresos del dueño de todos, estaban decididos a dar la vida (si era necesario) por las ideas del pollito.

El perro, al ver triste a su amo y conocer el plan que tenían los animales decidió que tenía que solucionar el problema. El pollito se rodeaba de su propia “seguridad” pues sabía que alguien como él, que lideraba un movimiento que revolucionaría la manera en que serían tratados los animales de su granja, no estaba exento de tener enemigos. El perro esperó a que todos estuvieran dormidos y atacó al pollito, pero éste gritó y despertó a sus compañeros animales, quienes no dudaron en atacar al perro. El perro en defensa propia mató un par de gallinas y dejó malherido al pollito líder, también provocó estragos en las ovejas rapadas quienes al no tener protección sangraron de la panza.

El escándalo que se había armado en el lugar de la batalla despertó al dueño de la granja quien encontró al perro con una gallina en la boca, por lo cual decidió castigarlo encerrándolo. Al día siguiente, cuando se levantó a arreglar el tiradero del perro, encontró los cadáveres y se dio cuenta de que algunas gallinas estaba rompiendo los pocos huevos que habían puesto. La conducta extrañó al humano por lo cual decidió que esperaría toda la noche a que las gallinas pusieran más huevos y se los quitaría. Para ese momento el pollito rebelde había muerto.

A mitad de la noche algunas gallinas comenzaron a poner huevos y su dueño, al tratar de quitárselos, recibió algunos picotazos. Utilizando la fuerza les arrebató algunos y al salir hacia su casa fue perseguido por los demás animales.

Asombrado por la actitud casi humana que mostraban sus criaturas decidió ir por su escopeta y su mozo y entre los dos decidieron acabar con todos los animales, pues ya ninguno de ellos les serían útiles para su negocio. Al ver la matanza los más pequeños alcanzaron a pasar desapercibidos y escaparon por el campo. Al cabo de algunos días de exilio fueron adoptados en las granjas vecinas en donde comenzaron a esparcir la semilla de las ideas del pollito aquél que ahora era visto no como un líder sino como un mártir. Les enseñaron a los demás animales los recursos como las asambleas y las huelgas a las que, como trabajadores, tenían derecho y poco a poco este pensamiento se fue esparciendo por el mundo, llegando sobre todo a aquellas personas que se jactaban de la lectura.

Hubo una granja que fue totalmente dominada por la forma de gobierno del pollito, pero un cerdito llamado Napoleón tergiversó los ideales para usarlos en su beneficio, aunque esa historia ya la han contado.


En los demás lugares, en donde los ideales igualitarios del pollito rebelde-líder-mártir han sido adoptados, de vez en vez los granjeros realizan sacrificios masivos para poder acabar con esa semilla nociva que se ha esparcido por sus granjas y poder mantener a raya a todos los rebeldes que buscan la igualdad en sus sociedades. Dicen que últimamente se ha puesto de moda difundir el miedo y otras teorías hablan de violencia y de “shocks” para evitar levantamientos.

Costas

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