Pollito Marx
Había una vez, en una granja lejana, muy
lejana, tan lejana que sólo se podía llegar caminando, un pollito que tenía
unos pensamientos radicales, muy distintos, por cierto, del resto de sus
amiguitos pollitos. Creía que la producción de todos los huevos que su madre y
las demás gallinas ponían debía ser repartida entre todos y evitar que el patrón,
dueño de todas las gallinas, se llevara el trabajo de todos dentro de la
granja.
También creía que ninguno de sus
compañeros debía volverse rico a expensas del trabajo del otro y que cada uno
de los animales debía poner su trabajo al servicio de los demás, si uno sabía
hacer algo debía ser el encargado de que saliera bien.
Sus ideas, que les parecieron congruentes
al resto de los animales, comenzaron a
propagarse por los pasillos de aquella granja y sus amigos comenzaron a
organizar comités en donde todos participaban activamente, se distribuían las
tareas y le enseñaban a los demás animales de la granja a leer, escribir y divulgaban
las ideas del pollito.
Todo iba de acuerdo a lo planeado por el
pollito, en unas semanas toda la granja estaba de acuerdo con sus ideas y
estaban dispuestos a no permitir que nadie más utilizara su trabajo para su
propio beneficio. Todos excepto uno, el perro, fiel amigo del dueño de la
granja había escuchado las propuestas en las asambleas en donde se concentraban
todos los animales. Había advertido que esa manera de pensar atentaba contra
los intereses de su dueño, pues él hacía negocio con todos los productos
resultado del trabajo de los animales a cambio de darles comida, no se
explicaba el porqué del interés de no trabajar para él.
La idea de una huelga comenzó a
esparcirse por toda la granja. El perro trató de avisar a su amo, pero no supo
cómo hacerle saber lo que pretendían. Por
fin llegó el día de la huelga y no se produjo un solo huevo ni una gota de
leche y las ovejas prefirieron trasquilarse unas a otras y tirar su lana al río
antes de dejarse rapar por su dueño, los puerquitos sabedores de que su carne
era utilizada como alimento, decidieron comenzar una huelga de hambre, todos
tenían la convicción de solidarizarse con el de junto.
Al día siguiente el dueño de la granja se
levantó y se enrareció al ver el desorden que habían provocado los animales,
tuvo incluso que inyectar a los cerditos para que no tuvieran repercusiones por
no comer. Desconcertado esperó que al día siguiente todo volviera a la
normalidad, sin embargo, la resistencia de los animales se recrudeció, no se
producía nada y las consecuencias comenzarían a verse en los ingresos del dueño
de todos, estaban decididos a dar la vida (si era necesario) por las ideas del
pollito.
El perro, al ver triste a su amo y
conocer el plan que tenían los animales decidió que tenía que solucionar el
problema. El pollito se rodeaba de su propia “seguridad” pues sabía que alguien
como él, que lideraba un movimiento que revolucionaría la manera en que serían
tratados los animales de su granja, no estaba exento de tener enemigos. El
perro esperó a que todos estuvieran dormidos y atacó al pollito, pero éste
gritó y despertó a sus compañeros animales, quienes no dudaron en atacar al
perro. El perro en defensa propia mató un par de gallinas y dejó malherido al
pollito líder, también provocó estragos en las ovejas rapadas quienes al no
tener protección sangraron de la panza.
El escándalo que se había armado en el
lugar de la batalla despertó al dueño de la granja quien encontró al perro con
una gallina en la boca, por lo cual decidió castigarlo encerrándolo. Al día
siguiente, cuando se levantó a arreglar el tiradero del perro, encontró los
cadáveres y se dio cuenta de que algunas gallinas estaba rompiendo los pocos
huevos que habían puesto. La conducta extrañó al humano por lo cual decidió que
esperaría toda la noche a que las gallinas pusieran más huevos y se los
quitaría. Para ese momento el pollito rebelde había muerto.
A mitad de la noche algunas gallinas
comenzaron a poner huevos y su dueño, al tratar de quitárselos, recibió algunos
picotazos. Utilizando la fuerza les arrebató algunos y al salir hacia su casa
fue perseguido por los demás animales.
Asombrado por la actitud casi humana que
mostraban sus criaturas decidió ir por su escopeta y su mozo y entre los dos decidieron
acabar con todos los animales, pues ya ninguno de ellos les serían útiles para
su negocio. Al ver la matanza los más pequeños alcanzaron a pasar desapercibidos
y escaparon por el campo. Al cabo de algunos días de exilio fueron adoptados en
las granjas vecinas en donde comenzaron a esparcir la semilla de las ideas del
pollito aquél que ahora era visto no como un líder sino como un mártir. Les
enseñaron a los demás animales los recursos como las asambleas y las huelgas a
las que, como trabajadores, tenían derecho y poco a poco este pensamiento se
fue esparciendo por el mundo, llegando sobre todo a aquellas personas que se
jactaban de la lectura.
Hubo una granja que fue totalmente
dominada por la forma de gobierno del pollito, pero un cerdito llamado Napoleón
tergiversó los ideales para usarlos en su beneficio, aunque esa historia ya la
han contado.
En los demás lugares, en donde los
ideales igualitarios del pollito rebelde-líder-mártir han sido adoptados, de
vez en vez los granjeros realizan sacrificios masivos para poder acabar con esa
semilla nociva que se ha esparcido por sus granjas y poder mantener a raya a
todos los rebeldes que buscan la igualdad en sus sociedades. Dicen que
últimamente se ha puesto de moda difundir el miedo y otras teorías hablan de
violencia y de “shocks” para evitar levantamientos.
Costas
Jaja, cabron pollito.
ResponderEliminarExcelente cuento
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