jueves, 9 de julio de 2015

Con Piedritas y Terrones

Bailando 

“Tenemos la dicha de invitar a usted ya su apreciable familia  la inauguración del “Salón Paraná”, que se llevará a cabo el próximo martes 26 de mayo en el edificio donde anteriormente se encontraba el “Antiguo Restaurante Cortés (no quita lo valiente)”, la recepción iniciará desde las 8 pm y se presentará la “Orquesta del Sureste del Valle de México” quienes estarán interpretando sus éxitos. La cerveza se venderá al 2x1, Será un honor contar con su presencia”.

La nota había llegado al buzón de la casa de Eusebio envuelta en un sobre con la promoción en la que había participado tres meses atrás. El tiempo se había encargado de quitarle aquella idea de la mente, pero la carta le hizo recordar que su suerte había llegado, una vez más en la vida,  impuntual a su cita con el destino.

La invitación tenía más de un mes de haber expirado, la última frase le estaba haciendo eco en la cabeza. “Se puede meter su honor por el culo” fue la única respuesta que se le ocurrió. En ese momento su esposa vino a su lado y le quitó la carta de las manos, lentamente leyó, hizo bolita el papel y lo guardó en la bolsa del pantalón, ambos quedaron en silencio, pero la mirada de la mujer fue un misil que Eusebio alcanzó a esquivar.

-Acaba de llegar.

La mujer permaneció en silencio, volvió a su rutina de lavar los trastes, Eusebio intentó abrazarla de atrás, pero ella con su brazo se quitó la mano de su esposo.

-Es en serio, acabo de abrir este sobre, venía aquí.- le dijo mostrándole el sobre en el que había llegado la invitación.

La mujer volteó enojada, con un cuchillo en la mano se acercó a su marido.

-¿Con quién fuiste cabrón?

Eusebio, invadido por el pánico, dio dos pasos atrás.

-Te juro que con nadie, acaba de llegar. No me amenaces.

-No te hagas pendejo, siempre es lo mismo contigo, sabes que yo quería ir.

-No te estoy mintiendo mi amor, es la verdad.

Eusebio dio un paso más hacia atrás, hasta que uno de sus pies chocó con la mesa, al hacerlo, un vaso lleno de agua se cayó. Su esposa vio aquella acción y su ira aumentó.

-Me vas a decir con quién chingados te fuiste y después me levantas el tiradero que acabas de hacer.

-Haz memoria, nuestro aniversario es el 27 de mayo, ¿recuerdas que estuve aquí toda la semana?

Algo en la cara de la esposa cambió, como si estuviera recordando aquella semana.

-Fue cuando me enfermé y me estuviste cuidando ¿verdad?

-Y después me contagiaste y estuve enfermo más días que tú.

Ambos rieron.

-¿Y por qué sacaste la invitación hasta hoy?

-Te digo que la acabo de recoger, estaba ahí en el buzón, nunca nada me sale bien.

La mujer volteó Eusebio se mantuvo con expectación, no sabía si volvería a amenazarlo o si ya la había convencido. Un gemido le hizo entender la situación, su mujer estaba llorando. Eusebio se acercó a ella.

-Tiene años que quiero ver a la Orquesta del Sureste del Valle de México. Por eso te dije que concursáramos para ver si nos daban boletos.

-Perdóname, es la mala suerte que siempre me ha perseguido.

Eusebio enjugó las lágrimas de su esposa, le dio un beso en la mejilla, mientras ella lo abrazo. De pronto, como golpeado por una pata de burro, la cabeza de Eusebio reaccionó, se separó de su esposa y corrió hasta el estéreo, lo prendió, metió un disco y volvió con su esposa quien permanecía parada junto al fregadero.

Los pasos de Eusebio fueron acompañados de unos versos del grupo que tanto anhelaba ver su mujer.

“Conocí a una niña de mirada soñadora y boquita tentadora.
Me crucé con su mirada, pregunté si ella bailaba y me llevé una sorpresota…”

La tomó por la cintura y con pasos exagerados comenzaron a bailar, la llevaba por un lado, por otro, pero al intentar dar una vuelta Eusebio pisó el agua que había tirado momentos antes y resbaló jalando en la caída a su esposa, ambos desde el suelo comenzaron a reir y se abrazaron mientras la Orquesta del Sureste del Valle de México, les recitaba un coro repetitivo que acompañaba sus acciones.

“Con, con, con cuanto amor, me da uno de sus besos
Con, con, con cuanto amor, me regala sus caricias
Con, con, con cuanto amor, me abraza hasta los huesos

Con, con, con cuanto amor, me cuenta sus fantasías…”

Costas

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