jueves, 12 de noviembre de 2015

El silencio

¿Desde cuándo se habían convertido las bibliotecas en centros de reunión social, donde los estudiantes balbuceaban cualquier idea chabacana que les viniera a la mente, convencidos de que estaban enunciando el más inteligente y revelador enunciado en la historia de la humanidad? No es que fuera amargado, pero el incesante parloteo de aquellos jóvenes lo distraía de su lectura; teniendo un Starbucks justo a la salida del lugar, habían elegido hacerle compañía en la hora diaria que dedicaba a su más reciente adquisición literaria. Se levantó de su asiento lamentándose por no haber podido leer más páginas y pensó en las horas que faltaban para la cita que tenía con sus amigos en la cineteca.

Abrochó el último botón de su viejo abrigo y echó a andar por el parque. Una muy leve llovizna caía sobre la ciudad, y los pocos visitantes del lugar se habían retirado ya, excepto por un hombre que se encontraba bajo un árbol. Lo observó a lo lejos leyendo el contenido de lo que parecía una vieja libreta; el hombre se sintió observado y volteó a verlo. De inmediato siguió su paso, sintiéndose avergonzado por espiar a aquel desconocido. Buscó una banca un tanto alejada de donde había visto al sujeto, y se sentó a continuar con su lectura.

Las ramas del encino cubrían  su asiento de la lluvia, y el silencio del parque se antojaba idóneo para continuar leyendo. De pronto escuchó los relámpagos y sintió como las gotas de lluvia se precipitaban cada vez de manera más veloz y furiosa. Cerró su libro y lo echó al morral, dispuesto a refugiarse del inclemente clima, pero no caían más gotas sobre su cuerpo. Volteó a su derecha y sorprendido encontró al desconocido sujeto de unos momentos antes justo al lado suyo.  Su abundante y pelirrojo cabello fue lo primero en llamar su atención, peinado en un perfecto copete, parecía no terminar pues la patilla se juntaba con su barba hasta el punto de volver indistinguible donde comenzaba una y terminaba el otro. Tenía unos enormes y expresivos ojos color ambar y una desarmadora sonrisa, con uno de sus colmillos un tanto salido de entre los demás dientes, lo cual terminaba de darle un aire terrenal.
-Lo siento si te asusté- le dijo sonrojándose y sonriendo aún más, mientras sostenía el paraguas que los protegía a ambos de la tromba
-No hay cuidado, gracias por cubrirme del agua- le contestó sonriéndose también
Lo miraba de reojo mientras él continuaba sentado a su lado asegurándose que ni por un segundo ninguno de los dos se mojara. Sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo de su abrigo y encendió uno, exhalando el humo cuidadosamente hacia el lado opuesto donde se encontraba su acompañante. No parecía que la tromba fuera a calmarse próximamente a decir por los charcos que se formaban debajo de los pies de ambos.
-¿Quieres caminar?-  le preguntó
Se ahogó un poco con el humo que estaba exhalando al momento de escuchar la pregunta. Y después asintió con la cabeza, sonrojándose por la torpeza de su actuar.

El paso de su acompañante era firme, con largas y espaciadas zancadas. Sostenía el paraguas con fuerza a pesar de que llevaba ya largo rato haciéndolo, y se notaba el cansancio de su brazo en los casi imperceptibles movimientos que hacía con la muñeca. Trataba de no mirarlo a la cara pues sabía que si lo hacía nuevamente, terminaría por encontrarse perdidamente atraído hacia él.  En ocasiones sus codos se rozaban por encima de sus respectivos abrigos, y ambos podían ver la sonrisa del otro de reojo.
Checaba su reloj de manera incesante, esperando que su recién conocido acompañante no notase ese horrible y descortés gesto; pero su obsesión con la puntualidad no le permitiría llegar tarde con sus amigos.
-¿A dónde vas?- le preguntó con voz calmada
Sus ojos se abrieron de par en par revelando la sorpresa y vergüenza de saberse descubierto en su ansiedad por el tiempo.
-No te preocupes, si tienes que ir a algún lado entiendo-dijo sin poder esconder la decepción en su cara y voz.
Tocó su mano por solo un instante pero fue suficiente para hacerlo sonreír de nuevo. Gentilmente tomó el paraguas y ahora era él quien con su ayuda los protegía de la lluvia.
-Soy Jorge, y me dirijo a la cineteca a ver una película con unos amigos- le dijo estirando la mano para estrecharla la suya.
-Mucho gusto Jorge soy Alex, ¿te acompaño al metro?-
-Vamos- dijo Jorge sonriendo

Se abrazaron largo rato, recargando la cabeza en el hombro del otro. La gente pasaba a su alrededor y los miraba con extrañeza pero ellos se encontraban inmersos en los brazos de aquel extraño que acababan de conocer.
-Nos vemos al rato- dijo y lo vio alejarse lentamente, pensando en si había guardado de manera correcta su número telefónico. Justo antes de pasar los torniquetes alguien lo tomó por el brazo, era Alex, quien regresó para dejarle una nota en la mano y después irse sin decir palabra alguna.

La película no había sido particularmente buena, era un cúmulo de clichés estéticos sobre la problemática de la pobreza en México visto desde una perspectiva clase mediera alta. Por supuesto no había ayudado el hecho de que había tomas que se extendían más de lo necesario, que se pretendían poéticas pero terminaban diciendo nada.
Cuando sus amigos le preguntaron que le había parecido la película no contestó. Tomaron esto como un claro signo de desagrado hacia la película que lo habían invitado a ver; y aunque era cierto que el filme no podría haberle importado menos, la verdad es que estaba absorto pensando en Alex.
Lo dejaron cerca del Parque España justo a tiempo para reunirse con quien fuera que se iba a encontrar. Y aunque al despedirse de ellos solo atinaron a cerrar la puerta y arrancar el carro, no dejó que eso lo desanimara.


Esperaba impaciente a la entrada de la biblioteca Carlos Fuentes que se encontraba ya cerrada. El constante vaivén de los coches, no le permitía escuchar los pasos de Alex en caso de que el mismo se acercara. Marcó a su teléfono pero lo mandó directo a buzón. Volteaba de un lado a otro, cuando sintió las manos de alguien posarse sobre sus ojos, reconociendo de inmediato el olor de  la loción de alex; cuando volteó y lo miró no le fue dado tiempo para hablar, pues de inmediato fue silenciado por un beso.

El Jaguar

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