¿Desde cuándo se habían convertido
las bibliotecas en centros de reunión social, donde los estudiantes balbuceaban
cualquier idea chabacana que les viniera a la mente, convencidos de que estaban
enunciando el más inteligente y revelador enunciado en la historia de la
humanidad? No es que fuera amargado, pero el incesante parloteo de aquellos
jóvenes lo distraía de su lectura; teniendo un Starbucks justo a la salida del
lugar, habían elegido hacerle compañía en la hora diaria que dedicaba a su más
reciente adquisición literaria. Se levantó de su asiento lamentándose por no
haber podido leer más páginas y pensó en las horas que faltaban para la cita
que tenía con sus amigos en la cineteca.
Abrochó el último botón de su viejo
abrigo y echó a andar por el parque. Una muy leve llovizna caía sobre la
ciudad, y los pocos visitantes del lugar se habían retirado ya, excepto por un
hombre que se encontraba bajo un árbol. Lo observó a lo lejos leyendo el
contenido de lo que parecía una vieja libreta; el hombre se sintió observado y
volteó a verlo. De inmediato siguió su paso, sintiéndose avergonzado por espiar
a aquel desconocido. Buscó una banca un tanto alejada de donde había visto al
sujeto, y se sentó a continuar con su lectura.
Las ramas del encino cubrían su asiento de la lluvia, y el silencio del parque
se antojaba idóneo para continuar leyendo. De pronto escuchó los relámpagos y
sintió como las gotas de lluvia se precipitaban cada vez de manera más veloz y
furiosa. Cerró su libro y lo echó al morral, dispuesto a refugiarse del inclemente
clima, pero no caían más gotas sobre su cuerpo. Volteó a su derecha y
sorprendido encontró al desconocido sujeto de unos momentos antes justo al lado
suyo. Su abundante y pelirrojo cabello
fue lo primero en llamar su atención, peinado en un perfecto copete, parecía no
terminar pues la patilla se juntaba con su barba hasta el punto de volver
indistinguible donde comenzaba una y terminaba el otro. Tenía unos enormes y
expresivos ojos color ambar y una desarmadora sonrisa, con uno de sus colmillos
un tanto salido de entre los demás dientes, lo cual terminaba de darle un aire
terrenal.
-Lo siento si te asusté- le dijo
sonrojándose y sonriendo aún más, mientras sostenía el paraguas que los
protegía a ambos de la tromba
-No hay cuidado, gracias por cubrirme
del agua- le contestó sonriéndose también
Lo miraba de reojo mientras él
continuaba sentado a su lado asegurándose que ni por un segundo ninguno de los
dos se mojara. Sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo de su abrigo y
encendió uno, exhalando el humo cuidadosamente hacia el lado opuesto donde se
encontraba su acompañante. No parecía que la tromba fuera a calmarse
próximamente a decir por los charcos que se formaban debajo de los pies de
ambos.
-¿Quieres caminar?- le preguntó
Se ahogó un poco con el humo que
estaba exhalando al momento de escuchar la pregunta. Y después asintió con la
cabeza, sonrojándose por la torpeza de su actuar.
El paso de su acompañante era
firme, con largas y espaciadas zancadas. Sostenía el paraguas con fuerza a
pesar de que llevaba ya largo rato haciéndolo, y se notaba el cansancio de su
brazo en los casi imperceptibles movimientos que hacía con la muñeca. Trataba
de no mirarlo a la cara pues sabía que si lo hacía nuevamente, terminaría por
encontrarse perdidamente atraído hacia él. En ocasiones sus codos se rozaban por encima
de sus respectivos abrigos, y ambos podían ver la sonrisa del otro de reojo.
Checaba su reloj de manera
incesante, esperando que su recién conocido acompañante no notase ese horrible
y descortés gesto; pero su obsesión con la puntualidad no le permitiría llegar
tarde con sus amigos.
-¿A dónde vas?- le preguntó con
voz calmada
Sus ojos se abrieron de par en
par revelando la sorpresa y vergüenza de saberse descubierto en su ansiedad por
el tiempo.
-No te preocupes, si tienes que
ir a algún lado entiendo-dijo sin poder esconder la decepción en su cara y voz.
Tocó su mano por solo un instante
pero fue suficiente para hacerlo sonreír de nuevo. Gentilmente tomó el paraguas
y ahora era él quien con su ayuda los protegía de la lluvia.
-Soy Jorge, y me dirijo a la
cineteca a ver una película con unos amigos- le dijo estirando la mano para
estrecharla la suya.
-Mucho gusto Jorge soy Alex, ¿te
acompaño al metro?-
-Vamos- dijo Jorge sonriendo
Se abrazaron largo rato,
recargando la cabeza en el hombro del otro. La gente pasaba a su alrededor y
los miraba con extrañeza pero ellos se encontraban inmersos en los brazos de
aquel extraño que acababan de conocer.
-Nos vemos al rato- dijo y lo vio
alejarse lentamente, pensando en si había guardado de manera correcta su número
telefónico. Justo antes de pasar los torniquetes alguien lo tomó por el brazo,
era Alex, quien regresó para dejarle una nota en la mano y después irse sin
decir palabra alguna.
La película no había sido
particularmente buena, era un cúmulo de clichés estéticos sobre la problemática
de la pobreza en México visto desde una perspectiva clase mediera alta. Por
supuesto no había ayudado el hecho de que había tomas que se extendían más de
lo necesario, que se pretendían poéticas pero terminaban diciendo nada.
Cuando sus amigos le preguntaron
que le había parecido la película no contestó. Tomaron esto como un claro signo
de desagrado hacia la película que lo habían invitado a ver; y aunque era
cierto que el filme no podría haberle importado menos, la verdad es que estaba
absorto pensando en Alex.
Lo dejaron cerca del Parque
España justo a tiempo para reunirse con quien fuera que se iba a encontrar. Y aunque
al despedirse de ellos solo atinaron a cerrar la puerta y arrancar el carro, no
dejó que eso lo desanimara.
Esperaba impaciente a la entrada
de la biblioteca Carlos Fuentes que se encontraba ya cerrada. El constante
vaivén de los coches, no le permitía escuchar los pasos de Alex en caso de que
el mismo se acercara. Marcó a su teléfono pero lo mandó directo a buzón. Volteaba
de un lado a otro, cuando sintió las manos de alguien posarse sobre sus ojos,
reconociendo de inmediato el olor de la
loción de alex; cuando volteó y lo miró no le fue dado tiempo para hablar, pues
de inmediato fue silenciado por un beso.
El Jaguar
No hay comentarios:
Publicar un comentario