Como sucede con pocos astros, la Luna tiene un lugar especial entre los poetas. Un sinnúmero de escritores han redactado versos sobre la Luna. Algunos de ellos son Jaime Sabines, Borges, Jorge Guillén, Luis Cernuda, García Lorca y Óscar Wilde.
Con algunos títulos es posible ver la influencia de la Luna en los escritores de todo el mundo. Están, por ejemplo: Luna nueva (antología), El silencio de la Luna (José Emilio Pacheco), La Luna de regreso (Leopoldo Lugones), Perro lamiendo Luna y otros poemas (Jorge Spíndola), La Luna en verso (antología) y así la lista continua.
Uno de los poemas más emblemáticos sobre este tema fue escrito por un mexicano, el poeta chiapaneco Jaime Sabines, quien en 1950 publicó su primer y más destacado libro “Horal”.
Él escribió:
La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Sobre Sabines, el escritor Javier Aranda Luna planteó la siguiente pregunta en un artículo publicado en el periódico La Jornada: “¿Será que por esa escritura dirigida por el rumor de la sangre la poesía de Jaime Sabines haya sido más duradera entre los lectores que los textos de Alfonso Reyes, el mejor estilista del siglo XX según Jorge Luis Borges?”
Quizá la respuesta está en el término que le fue adjudicado al poeta, a quien se le denomina “el poeta amoroso”. Es decir, todo aquel que se le considere un poeta amoroso debió haber tenido una relación con la Luna. Verla, contemplarla cada noche. Enamorarse de ella.
Sin embargo, también es posible leer otros textos aún más profundos como los que escribió Jorge Luis Borges, quien le dedicó a su esposa María Kodama los siguientes versos:
Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.
Finalmente dejo la siguiente pregunta: ¿qué poema de la Luna recuerdas tú o has escrito tú, querido lector? Piénsalo.
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