miércoles, 21 de octubre de 2015

Algo para iniciar con Borges

Por: Arturo García


Hablar de Borges es hablar de una biblioteca. Literal. Es hablar de temas de filosofía, astronomía, psicología, historia, música, idiomas, religión, semiótica… Es hablar de Buenos Aires, Alemania, Heráclito, Joyce, el vino, la luna, el libro, el pasado, los sueños, de lo que no fue y de este día.

           Sin importar que se lea su poesía, ensayos, cuentos o relatos, en Borges encontramos una gran cantidad de temas. Y por eso el acto de leer a este escritor argentino es cautivador, pero también muy difícil.

           Sin embargo, como sucede con casi todos los poetas, él también tiene poemas “accesibles”, fáciles de digerir y que atraen porque su “simplicidad” es la de un autor nostálgico. ¿Cuáles son esos poemas? 

           De entre sus 13 libros de poesía podemos citar los siguientes: “Dos formas de Insomnio”, “Things that Might Have Been”, “A un poeta menor de la antología”, “Otro poema de los dones”, “Eclesiastés, I, 9” y “Los justos”.

            Sí, son pocos, porque Borges más que haber sido un autor de sentimentalismos era un autor de pensamiento, por lo cual ocultaba los primero con lo segundo.

            Cito íntegro su poema “Los Justos”, de La Cifra, penúltimo libro de poemas publicado en 1981.



Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.


Cada línea es un mundo. Cuando se lee y relee –pasados los años– este poema, vamos descubriendo la importancia de cada palabra. Vamos hilando el arte de vivir (“El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.”). 
Cito a Belén Altuna, Doctora en Filosofía por la Universidad del País Vasco, quien sobre este mismo poema escribió lo siguiente para el periódico El País: 
“Este poema nunca ha dejado de maravillarme y de extrañarme. De maravillarme por la delicadeza de sus imágenes, por la simplicidad hermosa de su enumeración. Y de extrañarme porque en esa lista de personas justas e ignoradas abundan las que aprecian 
la belleza del arte (la música, Stevenson), el trabajo bien hecho (el tipógrafo), la vida personal (el jardín)… pero apenas se nos muestran ejemplos de bondad para con los otros, de entrega, de ayuda, de sacrificio. Son personas que no parecen hacer el mal, pero su forma de contribuir al bien es extremadamente sutil”. 
…Todo esto es Borges. Bueno, sólo una pequeñita parte de él.

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