viernes, 30 de octubre de 2015

Con Piedritas y Terrones

A través de la ventana

Miraba a través de la ventana, desorientado, incompleto. Cada vez que se asomaba a ella buscaba los puntos que había visto en el cielo y que se habían materializado en unos pequeños seres de dientes afilados, ojos gigantes, tentáculos en lugar de manos y barba blanca manchada de sangre. Quien los hubiera visto habría pensado que eran duendes, de aquellos que esconden sus tesoros al final del arco iris. Él sabía que eran seres que venían por él. O al menos eso fue lo que le dijeron con la mente.

Miraba a través de la ventana, pero era evidente que esa mirada estaba vacía, como si las pupilas le hubieran reventado y de esa explosión un gris ceniciento hubiera nacido y ocupado su lugar. Sus ojos, vale decirlo, eran difusos, perdidos.

Miraba a través de la ventana esperando el regreso de esas pequeñas figuras que le habían prometido, telepáticamente, que regresarían en cualquier momento a atacar a la Tierra. De hecho, ese cuento era el culpable de tenerlo en aquel lugar, en donde la única ventana existente era aquella por donde se asomaba y de la cual se había adueñado después de someter, a mordidas, a un Michael Jordan moreno.

Miraba a través de la ventana el día en que unos puntos aparecieron en el cielo, pronto se multiplicaron, en poco tiempo taparon los rayos del sol. Ensombrecieron el lugar y en caída libre, simulando una lluvia de Magritte, unos pequeños seres comenzaron a invadir la Tierra, tal como se lo habían prometido.

Miraba a través de la ventana cuando vio que uno  de aquellos seres despedazaba con las mandíbulas el brazo de una desafortunada dama que intentaba huir. El brazo, por cierto, aún palpitaba y guardaba una leve coloración rojiza, haciéndole agua la boca al espectador que tranquilo miraba la destrucción de la humanidad.

Miraba a través de la ventana, cuando lentamente una barba blanca, como la de los seres invasores, comenzaba a adueñarse de su rostro, sintió que la barba tocaba el suelo y se dio cuenta entonces que se había encogido, un tentáculo aparecía en su brazo derecho, como la cola de una lagartija cuando renace.

Miraba a través de la ventana cuando una de las criaturas se acercó hasta ahí, con los dientes afilados le sonrió, puso un tentáculo en el vidrio y le enseñó un pedazo de pierna que llevaba en el otro, supo entonces que era el momento en que debía comenzar a actuar.

Sin perder más tiempo se dirigió al Michael Jordan moreno, lo tomó por el cabello y lo arrastró por toda la sala, un par de enfermeros corrió para detenerlo, los miró desafiante, les enseñó los dientes y se abalanzó sobre ellos, mordió primero a uno y le arrancó un pedazo de la piel de la mejilla, el otro intentó correr pero chocó con un paciente y ambos cayeron, la pequeña criatura se acercó al enfermero correlón y le mordió un pie, lo arrancó del cuerpo y chupó todos los huesos para no dejar ni un pedazo de carne. Tiró los huesos, menos uno, con ese se dirigió al paciente que había servido para detener al enfermero, quien lo miraba extasiado. Le clavó el hueso en el ojo y se lo sacó. Lo comió. Michael Jordan moreno lo miraba, lo único que le interesaba era poder jugar a los bolos.

La criatura caminó, se acercó a Michael Jordan moreno y con una voz que parecían chillidos le dijo: “la próxima vez que vengamos tú vendrás con nosotros. Cuando salgamos de aquí te dirigirás al lugar donde quieras que ataquemos y nos esperarás, no debes despegar la mirada del cielo. Si llegamos y tú no estás atento, acabarás como estos”. Con el tentáculo le señaló a los que estaban tirados. Después tomó su mano y comenzó a besarlo. El Michael Jordan moreno sintió cómo algo en él se despegaba de su cuerpo, no volvió a ser el mismo. La criatura tomó la pierna de un enfermero y la guardó "para el camino" explicó, salió junto a Michael Jordan moreno. Se separaron, uno se fugó con sus compañeros por la ruta celeste, el otro se fue caminando, con las pupilas difuminadas, de andar tranquilo y mirando en todo momento hacia el cielo.

Costas

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