La sociedad mexicana es machista
por antonomasia, y para constatarlo simplemente hay que escuchar frases que usamos a diario como: no
te rajes, no seas puto, pensé que eras hombre, etc… Como homosexual que soy, día a día me veo
enfrentado con concepciones machistas sobre lo que significa ser gay; que
si uno solo ve los deportes porque le
gustan los hombres, preguntas como quién es el hombre y quien es la mujer en la
relación (¿WTF?), deducciones como que los gays se llevan mejor con las
mujeres, etc…
Pero el machismo no es un problema
que venga del exterior. En una sociedad tan regida por los roles de género y
los estereotipos, el mismo ha logrado permear hasta la conciencia colectiva del
imaginario homosexual, sea de manera consciente o no. A continuación se exponen tres casos reales
que pretenden ilustrar este punto.
Divorciado de 45 años, asumido plenamente como homosexual, Luis
tiene una relación abierta con su pareja Alberto. Viven en una casa al norte de
la ciudad, cerca de la línea B del metro, y suelen organizar reuniones a la
cuales invitan a jóvenes para tener sexo. Su casa es como cualquier otra, y
llevan una relación de pareja basada en la rutina. Le gustan los muchachos más
jóvenes y de aspecto varonil.
Luis no parece ser distinto de
cualquier homosexual divorciado que he conocido. Se enorgullece de tener hijos,
aunque rara vez los vea desde que salió del closet. Dice tener una relación
cordial con su ex esposa y que incluso ella conoce a su pareja. Es cuando le
pregunto sobre la ex esposa y su vida personal, que noto un dejo de incomodidad
en él. Al parecer, ella igual que él ha reanudado su vida sentimental y sexual.
Le pregunto si conoce al novio de su ex esposa, a lo que me responde con un
tajante no. Dice no tener interés en conocer al nuevo hombre en la vida de
ella, no quiere conocerlo, ni saber de su vida sexual. Esto me plantea un gran desconcierto, pues
ella ha aceptado la homosexualidad de su ex esposo, e incluso aceptado conocer
a su pareja. Él muestra un gran desagrado por la idea de que ella tenga un
nuevo hombre en su vida; quizá el la sigue viendo como su vieja, quizá para él
no merecen ambos una equidad en trato.
-Me gusta que seas varonil-
-Gracias- le respondo sin saber
si pensar que es un halago o simplemente parte del machismo gay
-Luego hay cabrones que son bien
nenas-
No le contesto
-Tengo un amigo que se la pasa
haciéndome dramas. Le digo que nada más le falta la panocha para ser mujer-
Me siento desconcertado ante la
carga sexista de este último enunciado. ¿Panocha? ¿ Ser mujer? ¿Cuáles son las
actitudes de “hombres” para él?
La conversación continúa, siendo
él quien habla, mientras enuncia frases como: a ese lugar puros jotitos, no van
hombres, las mujeres son siempre las que
quieren tener hijos.
Me despido de él, pensando en lo
asqueado que me siento por su plática, quizá debí marcharme después de tener
relaciones.
Veo la imagen en Facebook, Meryl
Streep gritando en los Oscares, con un texto añadido que dice: ¡Es pasiva!
No me extraña que sea un
homosexual quien lo publica. Para quienes no sepan, en la terminología sexual
gay, el activo es quien penetra y el pasivo quien es penetrado. Ambos roles
sexuales se ven bombardeados de estereotipos y roles de género desde siempre.
El activo suele ser más masculino y dominante, mientras que el pasivo es visto
como sumiso y más femenino, al menos eso dentro del imaginario colectivo.
Esos memes de pasiva, son
muestras fehacientes del machismo interiorizado de muchos homosexuales. Para
empezar el rol es visto como el menos varonil de los dos, el más equiparable
con el de (dios prohíba) la mujer en la relación sexual, y por lo mismo el más
vergonzoso. Esto lleva a actitudes de superioridad entre quienes penetran, quienes se ven a sí
mismos como machos alfa que pueden tener cuantos “culitos” quieran, mientras
que los pasivos son vistos como seres a servicio y merced de los activos. Por
supuesto esta actitud machista recuerda mucho al razonamiento detrás de las
violaciones y violencia de género en nuestro país, y revela una creciente
heteronormatividad entre las personas
homosexuales.
Es cierto el machismo permea toda
la sociedad mexicana, pero que un sector que se queja de la discriminación
proveniente de fuera repita modelos de conducta tan tóxicos es preocupante.
Desde que una comparación con la mujer resulte en un inconsciente insulto,
hasta el repetir los modelos de masculinidad a los que se constriñen muchos
heterosexuales, no podemos negar que seguimos cayendo en estereotipos y
construcciones sociales restringidas. Después de todo muchos dirán los gays ya
son aceptados; pero el buen gay ante la sociedad es el culto, el guapo,
masculino, y varonil.
Y mientras escribo esto me doy
cuenta que yo mismo no escapo en ocasiones al machismo que me ha sido inculcado
desde pequeño, y es que el machismo es
fácil de aprender pero difícil de desarraigar.
El Jaguar
El Jaguar
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