Una “comedia dramática” deja lugar para muchas ambigüedades a la hora de elegir una película, sobre todo cuando una película cae bajo el pesado y tedioso mote de “cine de arte”. Sin embargo, la película germana Zonas húmedas (Wetlands) podrá ser muchas cosas pero no ambigua: retrata la soledad y la carestía de una chica mientras uno se ríe involuntaria y dolorosamente, una comedia escatológica que invita (y obliga) a la audiencia de amplio criterio a abordar una montaña rusa de emociones.
Butaca Apartada
Helen es una chica que padece el
divorcio de sus padres en silencio mientras se muestra rebelde y despreocupada;
su vida se torna un cúmulo de impulsos que ni ella misma comprende y parecen
invisibles frente a una madre neurótica, autocompasiva y obsesionada por la
limpieza y un padre hedonista totalmente indiferente.
En una conducta desarrollada por el
rechazo a la imagen de su madre, Helen se vuelca contra la pulcritud y se ve
atraída por la suciedad, la mugre y las zonas húmedas del
cuerpo; mientras se rasura una de estas zonas, un desgarre con el
rastrillo en el ano abrirá no sólo una lesión corporal sino la oportunidad de
enfrentarse con ella misma y la de poder reunir a su padres.
Aunque la historia se antoje trágica,
el director David Wnendt sabe hacer gala de un ritmo rápido y ameno,
animaciones de primer nivel, un montaje colorido y hasta divertido así
como unos gags que harán reír hasta al más amargo y harto de
la mala combinación de tráfico-calor-lluvia de esta ciudad.
La dirección de escena es espléndida,
no deja lugar para los imaginarios y no repara en lo gráfico hasta alzarlo en
la cumbre de lo grotescamente sublime o surreal; el simple toilet humor de
las comedias estadounidenses adquieren un nuevo nivel cuando es reinterpretado
por el cine europeo y puesto en un contexto tan serio como la soledad y la
frustración.
Mención aparte merece la actuación de
la joven actriz Carla Juri que hace gala de un histrionismo excepcional
como para que dejara de hacer cine toda su vida y aun así jactarse de haber
dado lo mejor de su corta carrera, cosa que sin embargo, esperemos no ocurra.
Un pase de emociones deja esta cinta
sin dejar de tocar fibras simples y comunes como la amistad, el amor, el
cariño, la fraternidad y la fortaleza; valores humanos con los que todos nos
sentiremos extrañamente identificados porque ante todo esta película invita a
la reflexión.
Aún con todo, es recomendable no
ingerir alimentos mientras se contempla ya que su franqueza frente a los
fluidos corporales es especialmente atípica.
Zonas Húmedas puede ser
encontrada en servicios de streaming como
Netflix y similares, no se debe dejar pasar la oportunidad de ver la mejor
película para iniciar la semana con ganas de bañarse tres veces al día.
Mantra de la semana: tállese bien.
@PabloReylar en twitter

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