Es verdad que el Día de la Raza es oficialmente la celebración del “descubrimiento” de América por parte de Cristóbal Colón un 12 de octubre de 1492, o al menos, es el discurso oficial que se maneja aún por parte de la educación básica en México… si usted no acabó la primaria entendería que aún se sintiera mancillado por esta visión eurocentrista y suelte simplezas como “no hay nada que celebrar, nos vinieron a saquear”, pero si por otra parte, tuvo, digamos… al menos el acceso a una educación media deberá entender que el 12 de octubre es más que una fecha para sentirse victimas muy al estilo “cosas de la vida” (ódieme por mi referente cultural) y es, por el contrario, una fecha para celebrar sí, el encuentro de dos mundos.
Posmo Bites
Es este mismo
encuentro de dos mundos que originó el México que conocemos hoy, que nos unió
como nación bajo una misma bandera y una misma lengua -muy europea y muy
hermosa-, este encuentro nos dio nombres y apellidos europeos que hoy
curiosamente son muy mexicanos como “Juan” o “Guadalupe”, es decir, nos otorgó
una nueva cultura cosificada en algo tan divino que concebimos como México y
que a veces tratamos de defender ignorando sus matices, decantándonos
hasta extremos etnocentristas e
intolerantes.
Antes de la llegada
de los europeos a la América Septentrional, como alguna vez se le llamó a lo
que hoy es México, nuestro cuerno de la abundancia era un crisol de varias
naciones, cada una con su propia cultura, idioma y tradiciones, que eran
reguladas y hasta borradas por los caprichos de un imperio que se extendía
desde Sinaloa hasta Nicaragua: el Azteca.
Los europeos y
en específico los españoles fueron un pretexto coyuntural y circunstancial perfecto para que los otros pueblos
indígenas, como los Tlaxcaltecas, se
unieran en contra de los siempre terribles Aztecas.
Ya lo dice el
gran Luis González de Alba en su texto “Las mentiras de mis maestros” es muy ingenuo pensar que los 500, 1000 o los
que sean hombres que pudo traer consigo Hernán Cortés en su barco fueran
suficientes para derrotar el ejército de una Tenochtitlan que era 3 veces mayor
a la más grande urbe de España por aquellos años.
Y así como se
dice ahora, puedo apostar que se dijo en aquellos años: “esta tierra necesita
un cambio” y los Aztecas vieron morir su dominio en un saqueo violento que fue
efectivo no sólo por Cortés y sus hombres sino por los incómodos vecinos de la
meseta del Anáhuac.
El encuentro de
dos mundos nos regaló la gracia de cobijarnos como uno solo y nos dio
suficientes elementos para considerar como “el otro” a unos peninsulares que
eran minoría y venían de mucho más lejos y desde cualquier ángulo se antojaban
más ajenos a una tierra enorme y llena de hijos de indígenas y europeos, los
mestizos.
Y aunque no es
lo mismo, es igual; la opresión fue el viejo nuevo detonante para expulsar a
los Europeos que hicieron de México, México y de la virgen de Guadalupe
española una mestiza que es la madre de todos nosotros (sic).
Enrollarnos en
huipil y salir a ofrecer falsos discursos de una mexicanidad sin europeos es un sinsentido, así como lo es hablar de
una sin indígenas. En este país los mestizos somos mayoría, unos más blanquitos
y otros más morenitos, así salen las mezclas pues, pero como buenos hijos de
este México real somos los responsables de un discurso conciliador del cual
hemos nacido todos y es parte de un México de cara a las nuevas necesidades del
mundo.
Las
ambivalencias mediáticas mexicanas como Lila Downs o las putiedecanes rubias de
Televisa, demuestra más de lo evidente: que los maniqueos son malos y
contraproducentes; y que un verdadero camino al desarrollo social es una
interculturalidad que se nutra de las similitudes en las diferencias.
¿Y cómo dar el
primer paso a ese camino? Bueno, no jugando a ser víctimas en un show
quasitelevisivo es un buen inicio; los victimarios no son los españoles que
“nos cambiaron oro por espejos” sino
nosotros mismos y nuestra eterna comodidad en el discurso de los derrotados.
@PabloReylar

Me encanta.
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ResponderEliminarGracias, Sara, me halaga que una persona con tu inteligencia le guste. Un abrazo.
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