jueves, 22 de octubre de 2015

Con Piedritas y Terrones

El Hombre Terrón


Tururú, tururú "Interrumpimos la transmisión de "El Bailongo" para informarles que el temible Señor Llovizna ha atacado de nuevo, inundando una colonia y divirtiéndose con todos los peatones que se resbalan con las trampas que ha puesto, esperemos que el Hombre Terrón aparezca pronto para detenerlo, ahora sí los dejamos con su cumbia amable auditorio" tururú, tururú.


Me tiro en un charco de agua. Me levanto triste, triste. Me tiro en la tierra. Me lleno de lodo. Y todo mi cuerpo se va convirtiendo poco a poco en el Hombre Terrón. Corro hasta donde han buscando el problema. No es necesario, el problema me ha encontrado a mí. Me avientan una cubeta de agua desde el techo de un edificio. Al sentir las primeras gotas corro y me pongo a salvo. Estoy seguro de que quien quiso acabar conmigo es quien yo creo que es. Le miento la madre, entro al edificio y subo a buscarlo. La señora de la limpieza me grita enojada. Le dejé el piso sucio. Prometo regresar a limpiar.


Busco en cada uno de los niveles. Me asomo en todos los departamentos: en uno una señora hace la comida, en otro unos niños pelean por sus juguetes, en otro una pareja que cogía en el sillón me pide angustiada que no le diga a sus parejas (que no conozco, pero aún así prometo no hacerlo). En otro una anciana anestesiada por la televisión me grita que me quite los zapatos, cierro y me grita que tenga un buen día. Por fin llego al último piso. Me detengo en la puerta que da a la azotea. Pero escucho un ruido en las escaleras. Volteo y miro que el temible Señor Llovizna sale del departamento de la anciana, me mira y corre escaleras abajo. De nuevo empieza la persecución.


La señora de la limpieza me vuelve a gritar enojada, el Señor Lluvia ha dejado un rastro de agua y cuando yo paso sobre ella se convierte en lodo. Lo recojo, le sonrío a la señora y comienzo a lanzar bolas de lodo contra el temible Señor Llovizna. Una le pega en la cabeza y logro hacer que se detenga. Lleva una cubeta en la mano, llena de agua y se detiene a esperarme, amenazante.

-Que sea un duelo de hombres, vamos a darnos con los puños- Lo reto.

-Ni madres, la última vez me hiciste trampa.- Me responde.

-Fue tu culpa- le contesto- si no le hubieras hablado al Rayo Impertinente todo habría sido justo.

Nos miramos fijamente. Una sonrisa se asoma en su cara. Sabía que estaría perdido si no pensaba rápido en cómo detenerlo. Mire sobre su cabeza y me di cuenta de que había una maceta, el problema era llegar hasta allá. A mi derecha había una jardinera y a mi izquierda un parque. Se acercaba decidido. Le lancé una bola de lodo a la cara. Di en el blanco, justo en el momento en que él lanzó del agua de su cubeta. Atiné a moverme de ahí y corrí hasta el parque. Recogí un poco más de tierra y trepé a un árbol.

Cuando quiso llamar de nuevo al Rayo Impertinente, me abalancé al rostro. Lo llené de tierra, en los ojos, la boca, la espalda, en todos lados. Miré con malicia cómo se convertía en plastas de lodo. Por más que manoteaba y pataleaba no lo solté, para finalizar corrí por la maceta, se la estrellé en la cabeza y se dio por vencido. Minutos después apareció el sol . Con el asunto controlado, comencé a revolcarme en el suelo hasta tomar de nuevo mi apariencia de humano.


Ya sólo era trabajo de los bomberos terminar de drenar la colonia que había inundado el temible Señor Llovizna. Seguí pensando en la imagen que me había dado vueltas en la cabeza mientras luchaba con mi enemigo. Fue entonces cuando me di cuenta, sonreí y me dije: "Ya decía yo que la mujer del departamento se me hacía conocida, es la mejor amiga de mi novia, pero su novio es tan mamón y pedante que mantendré mi palabra".

Costas

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